viernes, 4 de julio de 2008

CUENTO

UN FANTASMA LLAMADO RODRIGUEZ

El vecindario se había enterado bastante antes que los propios familiares: el fantasma del finado Rodríguez, liberado de su condición mortal, estaba echando raíces en el centro de la villa, y lo peor es que nadie sabía como espantarlo. Su color espectral, su casi transparencia, el andar errático y deslizándose en el suelo como impulsado por la brisa, dejaba a todos confundidos y asombrados: el hombre a cuyo entierro habían acudido hacía poco, los visitaba como fantasma.
Después de transcurridos dos meses de su extraña desaparición, y uno de su despedida formal de este mundo, su señora, su hijo y su hermana lograron darle santa sepultura con todos los honores. Había permanecido cerca de un mes enredado entre los juncos de un arroyo, antes de ser rescatado de las aguas. Pero esa cicatriz en la pierna no dejaba lugar a dudas, a pesar de lo irreconocible que estaba, no podía ser otro más que él.
Primero fue el dolor de reconocer el cadáver, cuando acudieron por citación policial, y como habían ido más a descartar la posibilidad que a confirmarla, el golpe fue aún mayor. Después fue la impotencia de una familia pobre, despreocupada de algo tan lejano y poco probable como es una muerte accidental, sobre todo cuando se trata de una persona joven y sana.
Además de los dolores de cabeza propios del momento, estaba la preocupación de afrontar el gasto imprevisto. Pero el vecindario respondió mucho más de lo que ellos esperaban. Organizar un bingo y una rifa, con un lechón como premio, fue una idea acertada de una comunidad sensible a la suerte de sus miembros. Apenas los familiares tuvieron noticias de la ayuda que llegaba, decidieron hacer un sepelio como el muerto se merecía, y afrontar los gastos contrayendo el compromiso de pagar en cuotas el total. Al recibir el dinero, que podría llegar a la tercera parte de la suma requerida, achicarían la deuda. El hecho de estar tan frescos en la memoria del vecindario, los detalles de esa muerte, hizo que se sintieran contaminados de sorpresa, y se agolparan y renovaran en olas. para contemplar el milagro. En medio de aquella tempestad de caras despavoridas, hizo su aparición la familia, que de inmediato se sintió mordida por la duda.
Pero no todos se mostraban esquivos a la presencia de un fantasma. Alguien se animó a tratar con el espectro, y hasta a conversar con él. Así fue que se conocieron detalles concretos de la desaparición de Carlos Rodríguez, según escucharon por propias palabras de su espíritu. Ese día, Carlos Rodríguez había trabajado como siempre, y su ingreso al nuevo estado inmaterial, se produjo por la tarde, mientras regresaba a su hogar. En el trayecto, algo le sucedió, algo que el mismo fantasma no pudo explicar. Entonces comenzó a ponerse en duda la existencia de un espectro que de a ratos tomaba color en sus mejillas, sobre todo cuando se exaltaba con las aclaraciones que una y otra vez le pedían.
Al fin, sobreviviendo a los vicios de la incertidumbre, tuvieron una única explicación posible: su estado cadavérico y su voz opaca y aflautada, se debían a problemas de salud; por ese mismo motivo debió ser que estuvo internado en un hospital durante dos meses, que seguro coincidían con los meses de su ausencia. Los primeros en reconocerlo fueron sus familiares, tras haberlo sometido a inquisiciones imperdonables.
Eran tantas las demostraciones de alegría que hacían ellos, que los demás no entendían nada. Pero al fin la noticia corrió de un extremo al otro de la villa: el pobre Carlos Rodríguez estuvo de vuelta apenas fue dado de baja, y el cadáver encontrado y velado, el de un ilustre desconocido.
Todo el vecindario participó de la parranda por haber recuperado al estimado vecino, y autorizó a la familia a reemplazar los destartalados muebles viejos, con otros que comprarían con lo recaudado en la rifa y el bingo La mayoría sintió que la historia tenía un final feliz, aunque no fue así para la empresa fúnebre: no encontró como reclamar el pago en cuotas del sepelio, por un muerto que estaba vivo.


ROBERBLOGGER

3 comentarios:

Alicia Rosell dijo...

Encontré el cuento del fantasma... me gustó mucho cuando lo leí, y me dejó pensando y dudando.

Es francamente bueno; no sé si sos mejor cuentista o mejor narrador... lo mismo da que da lo mismo.

Besos alados,

Alicia.

circe dijo...

sabes cunto buscaba tus paginas y no hallaba esritos tuyos
Te mando un abrazo y espero sigamos encontrandonos por internet....cariños nelly

rober dijo...

Muchas gracias por tu lectura y tus palabras Nelly. Hace instantes pasé por uno de tus blogs.
Un abrazo, rober